
En Goldfish Group creemos que entender bien este fenómeno es clave para tomar decisiones inteligentes. Por eso decidimos ir más allá del debate viral y mirar qué dicen realmente las cifras.

Aquí va el primer mito que hay que derrumbar: la gente no dejó de ver influencers, dejó de creerles con los ojos cerrados. Un estudio reciente de AIMC (Navegantes en la Red) lo confirma con un dato que resume todo: más de la mitad de los internautas en España (56,4%) sigue viendo contenido de creadores. El tema no es la audiencia, es la confianza: un 69,8% siente que ya no puede distinguir cuándo les están hablando de verdad y cuándo les están vendiendo algo.
Y esto no es un dato aislado ni una moda pasajera: es el reflejo de una audiencia que aprendió a leer entre líneas.
La lógica diría que si algo está en crisis, el dinero es lo primero que se retira. Pero acá pasa lo contrario: según datos de Infoadex, la inversión en influencers en España superó los 125 millones de euros en 2025, con un crecimiento del 23,5% frente al año anterior.
Esto quiere decir que las marcas no están abandonando el barco, están cambiando de tripulación.
Lo que sí se está desplomando es un tipo de creador muy puntual: el que vive de mostrar una vida perfecta sin conectar con nada real. Cuando el contenido se siente lejano, frío e imposible de alcanzar, la audiencia lo detecta al instante y el rechazo llega rápido.
No es el fin del creador. Es el ocaso de la pose.
Del otro lado, ganan terreno otros perfiles: nano y microcreadores con comunidades pequeñas pero reales, contenido pensado para convertir y no solo para impresionar, y formatos donde se nota que hay una persona detrás, no un catálogo.
En Goldfish Group lo vemos todos los días en los mercados donde operamos: LATAM también está migrando su confianza hacia esos perfiles.
Más que una crisis del Influencer Marketing, lo que está ocurriendo es una depuración natural del ecosistema: se derrumba lo que ya no se siente cercano ni real, y se fortalece lo que realmente construye marca y genera negocio. Para las marcas, esto no es motivo de alarma, es una oportunidad de invertir con más criterio y menos ruido.
Porque el influencer no está desapareciendo. Está evolucionando, y las marcas que lo entiendan primero, serán las que se ganen la confianza de la audiencia en esta nueva etapa.